Archive for 23 julio 2010

Me cai del mundo y no se por donde se entra

Autor: Eduardo Galeano

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos! Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

¡Nos están fastidiando! ¡Yo los descubrí! ¡Lo hacen adrede! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros? Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura! ¡Lo juro! ¡Y tengo menos de… años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los ——- (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De “por ahí” vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo”, pasarse al “compre y bote que ya se viene el modelo nuevo”.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo! Pero por Dios.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡Todo! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡Cómo guardábamos! ¡Tooooodo lo guardábamos! ¡Guardábamos las tapas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡ni a Walt Disney!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: “Cómase el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.%3za. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡Ah! ¡No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la “bruja” como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la “bruja” me gane de mano y sea yo el entregado

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Comercio justo y soberanía alimentaria

A día de hoy hablar de comercio justo implica incorporar la perspectiva de la soberanía alimentaria. Ambos conceptos están estrechamente unidos y el primero no es posible sin asumir las premisas del segundo.

Cuando nos referimos al comercio justo consideramos una serie de criterios de producción en origen: de respeto al medioambiente, de pago de un salario digno, de igualdad de género…, a la vez que reivindicamos su aplicación a todos los actores que integran la cadena comercial. ¿Qué sentido tendría establecer unos criterios para el productor y no para el punto de venta? Estos criterios, de justicia social y medioambiental, que deben ser tenidos en cuenta en todo el “recorrido vital” de un producto, están íntimamente ligados al principio de la soberanía alimentaria.

La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a controlar sus políticas agrícolas y alimentarias; el derecho a decidir qué cultivar, qué comer y cómo comercializar; a producir localmente respetando el territorio; a tener en nuestras manos el control de los recursos naturales: el agua, las semillas, la tierra…

En la actualidad la producción agrícola responde al afán de lucro capitalista de las empresas multinacionales y de las élites políticas que las amparan; lo que comemos viene determinado por unos intereses económicos que no tienen en cuenta nuestras necesidades alimenticias ni los límites de producción del planeta; los recursos naturales están privatizados. Los alimentos se han convertido en una mercancía donde su valor original, el de alimentarnos, ha quedado en un segundo plano.

Estos principios de la soberanía alimentaria aplicados al comercio justo, nos llevan a hablar de un comercio justo de proximidad, exceptuando aquellos productos que no se elaboran en nuestro territorio; de un comercio justo respetuoso con el medioambiente y controlado por las comunidades; de un comercio justo que combate las políticas neoliberales y a las multinacionales.

De este modo, podemos hablar de un comercio justo local, ya sea en el norte o en el sur: comer fruta y verdura fresca de temporada producida por campesinos en base a unos principios de justicia social y medioambiental, acceder a estos productos a través de los mercados locales y la red de la economía solidaria. Del mismo modo que podemos hablar de un comercio justo internacional, del sur al norte y viceversa, para aquellos productos que no se producen localmente. Aquí, si adquirimos productos como el café, el azúcar, la quínoa… debemos de asegurarnos que responden a estos principios de soberanía alimentaria, donde su comercialización internacional sea un complemento a su distribución local, a la vez que la compra de estos productos en establecimientos solidarios nos garantiza la transparencia y la justicia en todo el recorrido del producto

Visto lo anterior, ¿qué podemos decir de un café de comercio justo en una estantería de un supermercado? ¿De una miel que nos llega de Ecuador? ¿De los plátanos de una gran plantación latinoamericana con su certificación correspondiente? ¿Es esto comercio justo? Si tomamos como principio la soberanía alimentaria, ninguna de estas prácticas lo es.

Una gran superficie que basa su beneficio en la explotación de sus trabajadores; en extorsionar a los campesinos y proveedores; en fomentar un consumismo irresponsable… nunca podrá llevar a cabo un comercio justo. La importación de miel de Ecuador y su consiguiente impacto ambiental, por más que haya sido elaborada con criterios sostenibles, no ésta justificada en la medida en que contamos con mieles locales producidas con estos mismos criterios. Que plantaciones bananeras en manos de la industria agroalimentaria, como Chiquita y Dole, produzcan plátanos con sellos de comercio justo, mientras que en otras fincas explotan a sus trabajadores y acaban con la producción local, tampoco es comercio justo.

La consecución de la soberanía alimentaria y de un comercio justo sólo será posible con el trabajo conjunto de organizaciones de base campesinas, de consumidores, sindicalistas, ecologistas… que apuesten por otro modelo de agricultura, de comercio y de consumo al servicio de los pueblos y del medioambiente. Para conseguirlo, la alianza campo y ciudad, Sur y Norte es imprescindible.

¿Qué es la contaminación de aire interior?

No hay duda de que la polución del aire que se respira por las ciudades afecta a la salud. Sin embargo, actividades tan cotidianas como cocinar, bañarse o limpiar la casa pueden hacer que un espacio cerrado sea hasta cinco veces más peligroso para una persona que la calle.

Algunos de los causantes de la contaminación de aire interior son el moho, las esporas, el polvo, el humo del cigarrillo, las partículas de los productos de limpieza y el polen. El problema es que la mayoría de las veces es difícil detectarlos, ya que o las consecuencias en la salud son muy vagas o tardan mucho tiempo en manifestarse.
Este tipo de polución se hace visible a través de alergias, problemas para dormir, náuseas, cansancio y dolores de cabeza, entre otros. La asociación Médica Americana reportó que un tercio del presupuesto estadounidense de salud iba a parar a enfermedades causadas por problemas de moho en las casas y un estudio del Diario Americano para el Cuidado de los Problemas Respiratorios informó que sin este tipo de contaminantes, la cantidad de personas que contraen asma se podría reducir a menos de la mitad (Home Air-Care).

A diferencia de lo que se cree, el problema de polución más grave se da en las poblaciones rurales más alejadas, en donde los métodos de cocina con garrafas o combustibles baratos emiten cantidades de dióxido de carbono hasta 500 veces más peligrosas de lo permitido (Time.com).

Los productos de limpieza también juegan su rol en la contaminación de aire interior y según el Programa para la Prevención de la Contaminación de Productos de Limpieza de Estados Unidos, uno de cada tres productos de limpieza contiene al menos un ingrediente que puede dañar la salud de quien esté expuesto a él una cantidad representativa de tiempo. La Asociación Prevent Cancer lista a muchos de esos componentes como posibles causantes de esa enfermedad.

Obviamente otro enorme causante de polución interior es el humo de cigarrillo, que es sumamente dañino no sólo para el fumador, sino también para las personas que lo rodean.

Lo más peligroso de estar expuesto a estos desechos es que un ser humano pasa la mayoría de su día en lugares como su casa, el trabajo, la escuela o el supermercado y solo el 10 por ciento al aire libre.

¿Qué hacer al respecto?

¿Cómo detectar qué productos son los que provocan contaminación del aire en tu casa? Una de las formas más simples es el olfato: ese limpiador que deja un olor extraño seguramente contenga partículas volátiles que provoquen contaminación.

Lo más sencillo que podés hacer es ventilar lo más seguido posible todas las habitaciones de tu casa, dejando por un rato las ventanas o puertas abiertas.

Evitá limpiadores con numerosos componentes químicos y animate a realizar tus propios limpiadores caseros con componentes menos dañinos para tu salud.

En el caso de tener una casa con problemas de humedad, preocupate por arreglarlos con un buen aislamiento. Para tus paredes, elegí pintura con nulo o bajo contenido de compuestos volátiles.

Asegurate de sacudir activamente almohadones, acolchados y alfombras que puedan contener partículas entre sus fibras.

Azoteas verdes: la naturaleza más cerca del cielo

Estamos en frente de un gran problema de contaminación pero hay una nueva solución que ya se está implementando en muchos países desarrollados de Europa.

Algunas de estás soluciones son la construcción de techos verdes, este proyecto tiene grandes ventajas que a su vez traen un beneficio, económico, cultural y político, que con un poco de trabajo puede ser una gran alternativa para resolver los problemas ambientales que se presentan actualmente en el mundo.

Techos verdes, solución para el desarrollo sostenible
Contaminación ambiental, efecto invernadero y calentamiento global son problemas que nuestro planeta esta viviendo y cada vez provocan mayor preocupación en la población por las consecuencias que causa. Es tiempo de ponernos a trabajar para poder reducir los efectos de estos problemas y la solución que ofrecemos es la implementación de techos verdes. Un objetivo mundial es el desarrollo sostenible y los techos verdes son una gran oportunidad para brindar a cada país un panorama de equilibrio ambiental, económico y social.

Una gran idea para grandes problemas

¿Qué son los techos verdes?
Los techos verdes son construcciones hechas en la parte superior de cualquier edificio o estructura, en el cual se pone un soporte que va a ayudar a la colocación de la plantación de distintos tipos de vegetación que ayudarán a reducir el consumo de energía, brindar agua potable para la comunidad que habita dicho edificio, mantener un clima ideal dentro de las instalaciones del edificio y reducir la producción de calor que es lo que está provocando el calentamiento global.

El origen de una brillante idea
La implementación de techos verdes para mantener vegetación en un medio de cultivo es una idea relativamente reciente, aunque algunos países europeos habían hecho techos de pasto por muchos siglos. La tendencia moderna comenzó en Alemania y ahora se han difundido a muchos países.

Beneficios grandes para una idea simple
Los beneficios que se pueden aspirar son bastantes, no se limita a construir áreas verdes en ciudades que tienen el problema de falta de espacio, sino que los techos verdes nos dan la oportunidad de filtrar los contaminantes que se generan por la actividad industrial que provoca serios problemas como el calentamiento global, lo que permite una solución a los problemas de contaminación, mejoran la temperatura, porque enfrían en verano y calientan en invierno; en el aspecto arquitectónico, las ventajas son técnico-constructivas y físico-constructivas, lo que prolonga la vida útil del techo, así como el evitar o reducir el riesgo de inundaciones y recolectar agua que actualmente es un recurso que desgraciadamente está en peligro de escasear. Algunas personas piensan que el uso de techos verdes puede ser un gasto excesivo para país que desee implementarlo, esto es un error, porque su costo es muy accesible en cuanto al mantenimiento y construcción, además de que sería una alternativa que beneficiaria al país, mejoría al planeta y la calidad de vida.

Los techos verdes no son solamente una forma nueva de cultivo, también dan a las ciudades un aspecto agradable que brinda tranquilidad a la sociedad, abatiendo así los altos índices de stress, ya que son agradables a la vista.

Desarrollo sostenible como objetivo final
En los último años, la palabra desarrollo sostenible ha tomado gran relevancia, principalmente en el ámbito social, político y económico; esto se debe a que necesitamos un cambio para generar un desarrollo que utilice los recursos disponibles de la manera correcta para brindar un mundo mejor a las nuevas generaciones.

El uso de los techos verdes propone lograr el desarrollo sostenible, ya que tiene como meta preservar la naturaleza y la biodiversidad de nuestro planeta, que es una parte olvidada por muchos países, por lo cual este tipo de cultivos son una esperanza para lograr un planeta sano.

Sin embargo, un impedimento lo tenemos en la parte económica, debido a que en algunos países se piensa que el costo de inversión es elevado y hacen a un lado este tipo de proyectos, sin analizar los beneficios que este sistema deja a futuro, ya que permite la reducción en la inversión en otro tipo de energéticos, como son; los sistemas de enfriamiento, el costo por la obtención de agua potable y el mantenimiento del edificio, por lo tanto implementar un techo verde es una solución para el desarrollo sostenible ya que garantiza un desarrollo económico que beneficia al medio ambiente.

Implicaciones y desventajas
Aunque la construcción de techos verdes implica mejoras ambientales y económicas, también tiene sus desventajas, puesto que se requiere de tiempo para ver reflejado el beneficio, también el costo de la instalación en su inicio ya que puede variar según el tipo de techo, pues se debe de adaptar una azotea en jardín con un sistema de impermeabilización muy especial que evite filtraciones y humedad al interior del edificio, el mantenimiento constante. No hay muchos avances tecnológicos, debido a que la idea de techos verdes es reciente y en algunos edificios ya existentes no pueden ser modificados porque no soportarían el peso del suelo y vegetación.

Ahora simplemente es empezar
El problema ambiental global, es un desafió para el desarrollo sustentable de la humanidad, el solucionarlo implica participación, el crear conciencia para aplicar con ética los valores ambientales, el que con acciones y ejemplos se demuestre interés por nuestro planeta; los techos verdes brindan una esperanza ya que es una de tantas alternativas que se pueden utilizar para mejorar nuestro mundo. Te invitamos a cuidar tu planeta porque de no ser así, podríamos estar comprometiendo nuestros últimos días de existencia.

Autores: Martínez E., Moreno P., Reyna A.

Razones para comer orgánico

Algunas Razones Objetivas y Subjetivas que nos deberían despertar a todos la necesidad de cambiar la forma de alimentarnos

El paso a la agricultura orgánica:¿una opción interesante para los pequeños agricultores?

El paso a la agricultura orgánica: ¿una opción interesante para los pequeños agricultores?
La adopción de la agricultura orgánica entre los pequeños agricultores de América Latina y el Caribe

Si bien la definición de agricultura orgánica es objeto de acalorados debates, en general se concuerda en que su práctica comporta el uso de insumos biológicos en lugar de insumos químicos sintéticos. Las técnicas orgánicas comprenden la conservación del suelo, la rotación de cultivos y la utilización de abono verde, tecnologías de bajo costo, recursos locales y conocimientos tradicionales. Se ha realizado una evaluación temática sobre este tema para analizar la experiencia de siete asociaciones de pequeños agricultores, presentes en seis países de América Latina y el Caribe, que habían adoptado tecnologías agrícolas orgánicas y comercializado sus productos con éxito.

El descenso de los precios de los cultivos convencionales ha puesto en peligro la viabilidad económica de los pequeños agricultores de los países en desarrollo. Por otra parte, los productos obtenidos por medios orgánicos se venden a un precio considerablemente mayor y ofrecen una alternativa viable. La demanda de productos orgánicos ha crecido enormemente en todo el mundo, especialmente en la Unión Europea, los Estados Unidos y el Japón , y mucho más rápidamente que la de otros productos alimentarios. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) de América Latina y el Caribe han propugnado la adopción de la agricultura orgánica entre los pequeños agricultores promoviendo el uso de recursos locales y de insumos no químicos y asesorando a las organizaciones de agricultores acerca de las técnicas de comercialización. Por lo que se refiere a los siete casos estudiados, hoy día los pequeños agricultores dominan la producción orgánica y representan la mayor parte de este tipo de productores. No cabe duda de que el FIDA necesita aprovechar el papel decisivo que los pequeños agricultores están desempeñando en la producción orgánica.

En la evaluación se pusieron de manifiesto las siguientes cuestiones fundamentales:

•En el contexto de los proyectos encaminados a promover la agricultura orgánica es preciso ocuparse de las limitaciones a las que se enfrentan los pequeños agricultores, como son la seguridad de la tenencia de la tierra, la disponibilidad de mano de obra y los costos extraordinarios conexos (por ejemplo, los relativos a la certificación). Además, los agricultores necesitan recibir apoyo durante el período de transición, es decir, de dos a tres años desde el momento en que abandonan los métodos convencionales, ya que en esa fase su vulnerabilidad financiera es máxima.

•Las organizaciones de agricultores prestan apoyo en materia de comercialización, ayudan a difundir nuevas tecnologías y supervisan la observancia de los métodos orgánicos de producción. A su vez, necesitan el respaldo de los donantes, las ONG y los organismos gubernamentales mediante, entre otras cosas, la financiación a corto plazo de los costos de certificación y la capacitación, especialmente a medida que los agricultores van pasando de los métodos convencionales a los orgánicos.

•Hace falta fortalecer la capacidad de las asociaciones de agricultores para afrontar los problemas relacionados con la comercialización y negociar acuerdos a largo plazo con los compradores, tanto directa como indirectamente, a través de las asociaciones de comercialización y las empresas de elaboración.

•Los actuales marcos jurídicos y normativos tienden a favorecer la agricultura convencional. Por tanto, en el marco de los proyectos que fomentan la agricultura orgánica, es necesario estimular a los gobiernos a crear un entorno normativo más propicio para que los pequeños agricultores adopten este tipo de agricultura.

El paso a la agricultura orgánica

Todo parece indicar que los pequeños agricultores de escasos recursos cuentan con una ventaja comparativa frente a los productores en gran escala, puesto que ya reúnen las condiciones adecuadas para dedicarse a la producción orgánica. De hecho, habida cuenta de sus limitaciones financieras, es más probable que esos agricultores adopten prácticas orgánicas a falta de otras alternativas: al no poder permitirse los costosos insumos químicos, muy probablemente disponen de suelos de mejor calidad. Ahora bien, para obtener resultados satisfactorios, es indispensable que se den algunas condiciones. Ante todo es imprescindible contar con una tenencia segura de la tierra: los agricultores no están dispuestos a invertir tiempo y esfuerzo en medidas de conservación que arrojan beneficios sólo a largo plazo si la tenencia de la tierra resulta insegura y de breve duración. Además, los propietarios de la tierra temen no poder desalojar a los arrendatarios una vez que éstos han logrado mejorar la calidad del suelo. Es preciso que los proyectos promuevan contratos de arrendamiento a largo plazo para los pequeños agricultores y estimulen a los terratenientes a respaldar métodos de agricultura orgánica y conservación de tierras en general. Entre otras cosas, la buena calidad del suelo permite a los agricultores conseguir y mantener con mayor facilidad los niveles de fertilidad utilizando técnicas orgánicas, con lo que resulta menos difícil cumplir los estrictos requisitos necesarios para obtener la certificación orgánica. La disponibilidad de mano de obra (familiar) es otro factor decisivo si se considera que la agricultura orgánica requiere gran abundancia de ésta (por ejemplo, para la eliminación manual de malezas).

Eficiencia colectiva

Las conclusiones de la evaluación indican que el éxito o fracaso de los pequeños agricultores de productos orgánicos depende de su capacidad de constituirse en organizaciones que permitan a los agricultores sacar provecho de las economías de escala mediante la comercialización colectiva. Además, los compradores están mucho más dispuestos a negociar con las asociaciones que con una plétora de agricultores particulares. Asimismo, esas organizaciones imparten capacitación sobre los principios de la producción orgánica y promueven la adopción de nuevas tecnologías entre los pequeños agricultores. También ayudan a vigilar el cumplimiento de las normas internacionales en materia de agricultura orgánica, reduciendo así los costos de certificación tanto para los miembros individuales como para los organismos de certificación, que de esta manera no deben realizar inspecciones de todos los agricultores sino solamente de una muestra de ellos. Si bien es imprescindible prestar apoyo a las organizaciones de agricultores, esta tarea dista mucho de ser fácil: la producción orgánica de los países en desarrollo a menudo se vende en el extranjero, donde el cumplimiento de las normas de calidad y la puntualidad de las entregas son fundamentales; los canales de exportación con frecuencia son complejos, y la certificación puede resultar costosa (en Guatemala, los agricultores pagaban el 1,5% sobre el precio del café que producían; en Costa Rica, el 4% sobre el precio del cacao y en la Argentina, el 4,4% sobre el precio de la caña de azúcar).

Comercialización de productos orgánicos

Según los cálculos, en 2000 se vendieron productos orgánicos en todo el mundo por un total de USD 19 700 millones; ahora bien, los precios pueden disminuir a medida que aumente la oferta o aparezcan nuevos consumidores que no deseen pagar precios muy elevados. Los productos orgánicos que más se exportan son los tradicionales procedentes de América Latina y el Caribe, como café, bananas, caña de azúcar y cacao, de los que no se dispone en los países industrializados. En la evaluación se señaló que los pequeños agricultores contaban con un nicho de mercado y desempeñaban un papel destacado en la producción orgánica en todos los países examinados, con excepción de la Argentina. En 2000, los pequeños agricultores representaban el 98,6% de todos los productores orgánicos de México, prácticamente la totalidad de los 5 000 productores orgánicos de Guatemala y cerca del 90% de los de la República Dominicana. Aun así, esos agricultores carecen de los conocimientos necesarios para la comercialización. Los compradores prefieren negociar con las asociaciones de agricultores, en las que las actividades de producción y entrega están bien coordinadas, en lugar de tratar con los agricultores particulares. Algunas asociaciones han estipulado contratos con empresas de comercialización o elaboración en la Argentina (caña de azúcar), la República Dominicana (bananas), Guatemala (café) y México (miel), las cuales venden luego esos productos a compradores extranjeros. En la Argentina y la República Dominicana, las asociaciones de agricultores y las empresas de comercialización mantienen sólidas relaciones basadas en la concertación de contratos que abarcan no sólo la comercialización sino también la provisión de asistencia técnica y crédito. Los resultados más satisfactorios se observaron en los casos en que se establecieron contactos directos con los compradores extranjeros, y los contratos a largo plazo garantizaron un mercado seguro y precios estables.

Fomento de cambios de políticas

Las políticas macroeconómicas, agrícolas y comerciales tienden a favorecer la mecanización y la utilización de sustancias químicas, subvencionando las importaciones de maquinaria e insumos agrícolas. Las políticas e instituciones gubernamentales dedicadas exclusivamente a la agricultura orgánica han desempeñado un papel secundario en la aparición de los productos orgánicos, en general, y en los buenos resultados obtenidos por los agricultores de productos orgánicos abarcados por los estudios de casos, en particular. Aunque esto podría sugerir que no son necesarias políticas e instituciones específicas, es importante apoyar su establecimiento, puesto que los países importadores, sobre todo los de la Unión Europea, cada vez exigen más que los productos orgánicos se obtengan y certifiquen conforme a normas comunes. Además, con leyes y reglamentaciones nacionales es posible reducir los costos de certificación que deben sufragar los pequeños agricultores, pues propician el establecimiento de empresas de certificación nacionales. Asimismo, el establecimiento de leyes e instituciones apropiadas brinda protección a los pequeños productores y exportadores de productos orgánicos en caso de problemas en los mercados extranjeros, y resultan indispensables para celebrar negociaciones internacionales con los gobiernos a fin de que abran el acceso a esos mercados.

Coches ecológicos con energías renovables.

Desde eRenovable ya hemos hablado en un gran número de ocasiones de coches ecológicos, coches híbridos y coches eléctricos. Hoy queremos recomendaros un blog que está dedicado completamente a cubrir la actualidad de los coches ecológicos: CochesEco.com

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En este blog podéis ver reviews de nuevos modelos ecológicos, biocombustibles, hidrógeno. Os recomendamos que no os los perdáis.

El blog de coches ecológicos pertenece a la red de blogs de motor RedCoches.com, donde también destaca su agregador de noticias cochesmotos.org.

Paneles solares hechos reciclando chips defectuosos

15 Nov 2007 06:58 AM CST

En la producción de chips para computación hay mucho desperdicio, cada año se desechan unas 3.3 millones de barquillos de silicio que son las que se utilizan al inicio de la producción de los chips.

Pero por suerte donde algunos ven desperdicios otros ven oportunidades, como por ejemplo IBM que ha anunciado un nuevo proceso que reciclará ese silicio de desperdicio en paneles solares.

Los barquillos de silicio son pequeños discos de silicio donde se imprimen los patrones que luego hacen los chips que utilizan la mayoría de los dispositivos eléctricos de hoy en día. La mayoría de esas hostias son utilizadas, pero muchas otras resultan dañadas, o a veces tienen demasiado silicio y entonces se convierten en basura.

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El problema principal es que todo ese material de desperdicio no puede reciclarse así nomás, ya que al ser tan importante un chip, tienen propiedad intelectual, y están protegidos, por lo que no se permite la reutilización o reciclado. Al menos así era hasta que IBM llegó con su idea.

El proceso que ellos han desarrollado remueve los remanentes de la propiedad intelectual de la superficie de las hostias de silicio. Esto permite que puedan ser reutilizadas, o idealmente convertidas en paneles solares.

Este proceso es tan innovador, que ha recibido el premio “2007 Most Valuable Pollution Prevention Award” (la más valuable prevención de la polución).

No es que los paneles solares se vayan a volver más baratos con este sistema, sí algo, pero lo importante aquí es que proveerá de material para la industria de la energía solar, y dejará menos desperdicios en nuestro amado mundo. No hay que olvidarse que el silicio, el componente más preciado de los paneles solares fotovoltaicos, es caro y difícil de conseguir. Así que de esta forma se ahorrarían bastante trabajo las industrias solares.

Vía Inhabitats